Maimónides
6 febrero, 2020

El origen

Cuando el príncipe omeya Abd al-Rahman I consigue llegar a Córdoba en el año 756, huyendo de su tierra natal, Damasco, a causa de la revuelta abásida que acabó con su dinastía, no se encontró con un gobierno fácil. La mayoría del territorio se encontraba inmerso en un estado de luchas y de revoluciones, donde partidarios de los abasíes, bereberes y árabes peleaban por obtener el poder.  Durante varias décadas Abd al-Rahman I se centró en calmar y aplacar esas revueltas, de manera que todos aceptaran su gobierno y le jurasen lealtad como emir de Al-Andalus.

Debido a la unificación y pacificación del territorio, en Córdoba, constituida capital de Al-Andalus, el emir omeya realizó pocas obras. Buena imagen de esto lo encontramos en el monumento que nos ocupan estas líneas. Originalmente en estas primeras décadas de su emirato, se conservaba en la ciudad el complejo episcopal de San Vicente, recinto ocupado por una basílica cristiana y una serie de estancias y oficinas. Desde los primeros años de la conquista musulmana de la península, y por ende de Córdoba, los musulmanes realizaron un uso compartido con los cristianos del conjunto basilical de San Vicente (aunque sobre esto hay bastante polémica e ideas enfrentadas), respetando las diferencias horarias del espacio según el ritual cristiano o islámico. Esto fue así hasta el año 786, año en el que Abd al-Rahman I decide comprarlo y comenzar a edificar la primera mezquita aljama de Córdoba, ya que veía cercana su muerte y no quería dejar a la comunidad sin su templo principal.

Esta primera Aljama apenas superaba los 80x80m de lado aproximadamente y se dividió en dos zonas bien diferenciadas, una abierta, el patio (sahn) con la torre alminar que terminaría su hijo Hixem I, y otra cerrada, la sala de oración (haram). En el interior se siguió el esquema tradicional de las mezquitas de Jerusalén y de Al-Aqsa, y se desarrolla una serie de 11 naves levantadas por columnas de acarreo (material aprovechado de edificios anteriores, sobre todo romanos y visigodos) la central más ancha y las extremas algo más estrechas, con 12 tramos de profundidad. Sobre los fustes y sus capiteles se alzan unas arquerías con dobles arcos, de herradura abajo y de medio punto en la zona superior, construidos con dos materiales alternos, sillares de piedra caliza y grupos de ladrillos de barro rojo, lo que le confiere una diversidad cromática llamativa y muy decorativa. El suelo se estructuraba con una gruesa capa de argamasa apisonada y teñida de rojo sobre la que se extendían esteras de esparto y sobre ellas, alfombras ricamente tejidas. Las techumbres originales estaban realizadas con un artesonado plano de madera, posiblemente con decoración tallada y pigmentada, y al exterior se cubría cada nave con un tejado a dos aguas. Al fondo de la nave central se ubicaba el mihrab, pequeño nicho abierto en la pared que marca la orientación que debe seguir el fiel durante la oración y que estaba decorado con una forma de venera del que se conserva un fragmento descubierto durante una excavación en el interior de la sala de oración (este mihrab se perdió con la ampliación de Abd al-Rahman II).

En cuanto a la orientación de las mezquitas, el mismo Corán tiene un versículo bastante específico: “De dondequiera que salgas, vuelve tu rostro en dirección a la Mezquita Sagrada. Dondequiera que estéis, volved vuestros rostros en su dirección”, lo que nos indica claramente que los fieles deben dirigirse hacia La Meca. Córdoba, durante muchos siglos, ha sido foco de atención en este aspecto por estar considerada “mal orientada”, ya que realmente nuestra mezquita tiene una orientación casi sur en su qibla, cuando debería ser de 100° sureste para estar orientada correctamente hacia La Meca. Este hecho ha sido motivo de estudios, tesis doctorales, estudios matemáticos, investigaciones históricas buscando que textos antiguos aclarasen este hecho, dando como resultado una gran cantidad de hipótesis, pero nunca establecen una razón segura o de peso. Algunas de estas hipótesis van desde la absurda respuesta del error humano, pasando por aquella que defiende que simplemente se respetó la orientación del solar en el que se levanta este templo, que en su origen estaba delimitado por el antiguo cardo romano de la ciudad. Otras de estas hipótesis marcan una intención sentimental, por parte de Abd al-Rahman I, al marcar la orientación igual a las mezquitas de Damasco, para las cuales La Meca queda al sur. Pero entre todas las hipótesis y estudios, queremos resaltar una en concreto, la realizada por la profesora de Historia del Islam y Árabe, Mónica Rius, de la Universidad de Barcelona.

Según Rius, partimos de que nuestra mezquita tiene una orientación de 152° SE. En La Meca se encuentra la Kaaba (ese gran cubo central, dentro de la Gran Mezquita Sagrada, cubierto con un manto de seda negra y caligrafía bordada en oro), y en ella está la Piedra Negra, aerolito que según la tradición, el arcángel San Gabriel entregó a Abraham y que él junto a su hijo Ismael colocaron en la esquina oriental al terminar la Kaaba. Esa esquina oriental tiene una orientación de 150° SE exactamente. Según la profesora Rius, la Mezquita de Córdoba no está mal orientada sino que, nuestra qibla,  posee la orientación más exacta de todas al repetir la del lugar más sagrado de La Meca.

Esto es lo que defiende esta magnífica profesora. Si nos fijamos en los datos arqueológicos, surgen otras hipótesis, como la comentada unas líneas más arriba, la que habla de la orientación del solar marcado por el antiguo cardo romano, por ejemplo. Sea como sea, lo único cierto es que nuestra antigua mezquita es un edificio único, especial y enigmático ya desde su origen en el siglo VIII.

Abd al-Rahman I murió en el 788 sin poder ver terminada su gran Mezquita, fue su hijo Hixem I quien culmina las obras levantando la primara torre alminar de este lugar. Hoy tenemos localizada su ubicación en el patio, unos metros más hacia el sur de la actual torre campanario.

En próximas entradas seguiremos descubriendo otras curiosidades y misterios de nuestro monumento, relacionados con las distintas ampliaciones a las que fue sometido.

Visita guiada Mezquita-Catedral de Córdoba