La Custodia de Córdoba
14 junio, 2019

Palacio de Páez de Castillejo

 

Antes de que el Estado comprara este inmueble en la década de los 60 del siglo pasado para su uso como museo arqueológico, el edificio, lógicamente existía, y si nos fijamos en su ubicación en el plano urbanístico de la ciudad, vemos que se encuentra dentro del casco histórico, por lo que este espacio siempre ha tenido uso. Veámoslo.

En época romana, concretamente en época del emperador Augusto (siglo I a.C.), podemos comprobar que este espacio fue importante, ya que en él se levantó el teatro de la Colonia Patricia (el mayor de toda Hispania y segundo de todo el Imperio Romano), dentro de la ampliación que sufrió la ciudad y la monumentalización que trajo consigo el Imperio. El teatro estuvo en activo hasta el siglo III de nuestra era, después fue abandonado tras un gran terremoto y sus materiales se aprovecharon como cantera. Tras un largo expolio y con la llegada de los musulmanes, este lugar fue ocupado por unas casas y un calderín, estableciéndose ya su uso como espacio doméstico. En los últimos años de la ocupación musulmana, se documentan aquí las casas de un alfaquí llamado  Ibrahim Ben Nasçer, las cuales van a ir de unas manos a otras tras la conquista de los cristianos en 1236, hasta recaer en el Cabildo de la ciudad quien por último, las vende a Fernán Páez de Castillejo, caballero de los veinticuatro de la ciudad (un caballero veinticuatro era un cargo de la corporación municipal de la ciudad).

Fernán Páez de Castillejo promueve una serie de reformas en el edificio para adaptarlo a su cargo y estatus social, como por ejemplo la construcción de una escalera principal cubierta con artesonado mudéjar fechado a finales del siglo XV. Esa misma escalera poco después será objeto de otra reforma realizada por Hernán Ruiz II en el siglo XVI, en la que se conservará la cubierta pero se reformará toda la escalera en sí (actualmente es uno de los espacios que está en espera de ser restaurado).

Otra de las zonas que reforma Hernán Ruiz II es la portada principal del palacio. Hoy en día está considerada una de las primeras portadas renacentistas de España con un programa iconográfico en torno al concepto humanista de la mansión del guerrero, y también está a la espera de recibir consolidación y restauración.

Desarrollada siguiendo las líneas de un arco de triunfo, la portada establece un conjunto iconográfico en el que, a través de una serie de dioses y de virtudes, se pretende ennoblecer el origen de la familia. Así pues, nos podemos encontrar con Escipión y Alejandro Magno en los laterales de la entrada, protegiéndola, sobre ellos, en los tímpanos triangulares, se encontrarían Hércules y Teseo, ambos con la maza. El espacio central del medio punto está ocupado por el escudo familiar sujetado por dos tenantes y junto a ellos, en los ángulos, dos centauros sostienen otros dos escudos que, debido a la erosión de la piedra calcarenita, no se han podido identificar.  Por último se introducen una serie de figuras femeninas que aluden a  virtudes. Se pueden identificar a la Fortaleza (gracias a su atributo, un fragmento de columna) y a la Justicia (que portaría una espada aunque no se conserva), en las jambas de la portada; en el centro del dintel, dentro de un tondo, se ha querido interpretar como una doble virtud  (la Prudencia y la Templanza) a la figura femenina que porta tanto un espejo en una mano, como un freno en la otra. El resto del dintel queda decorado con la figura de dos puttis a caballo cuyas colas se enroscan y se extienden convertidas en guirnaldas.

Como indicábamos al principio, nos encontramos con una de las portadas renacentistas civiles más completas del país, en la que el programa iconográfico se enfoca en destacar el origen del linaje de la familia. La importancia que tiene se ve mermada por su estado de conservación, el que por desgracia, hace que el edificio se mantenga cerrado desde hace muchos años. Actualmente las obras de restauración se encuentran en licitación de la empresa que las realice y esperamos que pronto se inicien para que volvamos a poder disfrutar de la sede histórica del Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba, con su colección permanente al completo, ya que esa es su función, pues la sede del edificio nuevo se ideó para exposiciones temporales, talleres de restauración, biblioteca, espacios administrativos y para albergar el conjunto arqueológico del teatro romano.

Desde Vercordoba os animamos a que paseéis por este rincón de nuestra ciudad y que disfrutéis de esta preciosa portada, su entorno y del Museo Arqueológico y Etnológico