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Año 2020 la pandemina provoca que no se celebre el Festival de Patios.

Los Patios de Córdoba

Estamos en fechas de Patios. Estamos en fechas de salir a la calle, descubrir y volver a descubrir, esos maravillosos trocitos privados de paraísos domésticos que poseen las casas de nuestra ciudad. Aunque este año 2020 nos está privando de muchas de nuestras celebraciones, la vida en los patios continúa; las plantas, macetas y flores siguen su ciclo de vida y ahora están en su máximo esplendor, y desde aquí os lo queremos acercar un poquito.

Es sabido por todo el mundo que mayo es el mes de Córdoba. Se inicia con la cata del vino, le siguen las Cruces, también con su concurso, y esa Batalla de las Flores. El punto álgido lo pone el concurso de patios, rejas y balcones, para despedirnos de mayo con nuestra feria de La Salud. Además, entre medias, tenemos dos de nuestras grandes romerías (Linares y Santo Domingo), ¿qué más podemos pedir?. Como ya se ha dicho muchas veces, “Mayo es Córdoba”.

Pero volvamos a los patios, a esos espacios que conservamos de tradiciones romanas, pero sobre todo, musulmana; espacios interiores abiertos donde se desarrollaba la vida de una familia. Todas las casas tienen un patio (o más, dependiendo del tamaño de la casa) y en Córdoba, los patios populares adquieren importancia por su uso social en tiempos de penurias (otra cosa serán los patios de las casas señoriales).

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las ciudades van a sufrir una llegada casi masiva de la población rural en búsqueda de mejores situaciones laborales. Ese éxodo rural moverá a familias al completo que, ante lo pésimo de su economía, se verá condenada a alquilar una o dos habitaciones en las famosas “casas de vecinos”, casas que cuentan con varias habitaciones en régimen de alquiler, y con los servicios básicos, a disposición de todos los inquilinos, en el patio. Estos servicios básicos eran la cocina, los baños, los lavaderos y el pozo. En esos lugares, desprovistos de toda comodidad, hacinados muchas veces, ahí se vivía, y se vivía sin ser consciente de esas deficiencias porque el sentimiento familiar, el sentimiento de unión entre los inquilinos hacía esa vida mucho más fácil.

El uso de los espacios comunes se realizaba por turnos, los baños, los lavaderos… o en algunos casos como las comidas, si la casa tenía pocas familias, se hacía en comunidad, una comida para todos. Cada familia contaba con una “parcelita” del patio, que adornaba con macetas y cuidaba de manera individual, no obstante el cuidado y mantenimiento de todo el patio era comunitario (aunque realmente al mantenimiento del espacio correspondía al dueño de la casa, pero nunca se hacía cargo aludiendo a que los desperfectos eran ocasionados por las familias inquilinas). Vemos como en este tipo de viviendas la frase de “el roce hace el cariño” se extiende a varias familias, pues aunque entre ellas no hubiera lazos de sangre o  parentesco que las uniera, el hecho de vivir y compartir un mismo espacio creó esos lazos de unión.

En torno a ese patio se celebraban los principales acontecimientos del ciclo de la vida, nacimientos, bautizos, cumpleaños, comuniones, bodas y defunciones; pero también se celebraban las distintas fiestas de la ciudad. En Semana Santa se colocaban altares para el Jueves Santo, al igual que el día del Corpus Christi. La Navidad era otro de esos momentos para visitar los patios de otros vecinos, ya que los niños solían pasear para pedir el aguinaldo cantando los típicos villancicos. Y como no, al llegar la primavera esos recintos se convertían en verdaderos paraísos florales. En 1925 (hay quien lo adelanta a 1921) se crea el primer concurso de Cruces uniendo la fiesta al recinto en el que se organizaba, el patio. Todo se decoraba y se cuidaba al detalle, la Cruz, el patio, y distintos objetos se colocaban por el patio para decorar aún más este escenario. De esa manera Cruces y Patios se unían para llenar de color y alegría el principio del mes de mayo. Pero en 1933 el concurso de Patios toma entidad propia y se separa del concurso de Cruces, para realzar el valor singular de estos espacios dentro de la vida cordobesa.

La Guerra Civil obligó a cancelar toda celebración de tipo folclórica, pero el mismo año en el que la guerra termina (1 de abril de 1939) se programa y se celebra en mayo  el Concurso de Patios, dentro de las denominadas “Fiestas de la Victoria”. En los primeros años de la postguerra el concurso se realizará de forma intermitente, a veces con más participación y otras con menos. Cuando llegamos al año 1956 es cuando el concurso toma mejor asiento entre la población, y ya no deja de celebrarse ningún año (bueno, hasta el 2020, que como sabemos la epidemia del coronavirus nos ha dejado sin él y sin otras celebraciones).

En la década de los 60, los premios disfrutan de un incremento. En los 70 surgen algunas de las asociaciones que difunden y protegen esta festividad. En los 80 vuelven a subir la cuantía de los premios y el número de premios que se otorgan, además de recibir la proclamación de “Fiesta de Interés Turístico Nacional”. En los años 90 se introduce la doble categoría que diferencia a los patios de “arquitectura antigua”  de los de “arquitectura moderna”. Y por último, a partir del 2000 las visitas irán sufriendo un incremento paulatino pero incesante que  llegará a su climáx tras el año 2012, ya que en ese año se consigue la proclamación por parte de la UNESCO de “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad” de este certamen de los Patios de Córdoba.

Nuestros Patios, los Patios de Córdoba, más allá del atractivo turístico que suponen, más allá de la cantidad de gente que llega a Córdoba para visitarlos, mucho más allá de todo eso, siguen siendo el testimonio directo de un estilo de vida, de una vida en comunidad, de solidaridad, pese a las carencias, pese a la escasez económica. Son el recuerdo vivo de nuestra niñez, de las tradiciones que pasan de generación en generación, y también de la evolución que han sufrido. Hoy en día esos patios ya no son usados por varias familias, la mayoría son propiedad unifamiliar, que lo vive, lo cuida, lo disfruta en intimidad y que en mayo nos abren las puertas de sus casas durante dos semanas, para que todos disfrutemos de esa intimidad perturbada, y de esa belleza floral.

Nosotros queremos enseñarte todo esto y más, así que, puedes ir planeando tu visita a Córdoba y haciendo un hueco para conocer los patios.

Vercordoba estará esperándote.

Visita guiada patios de Córdoba